Jueves, 20 Noviembre 2014 13:54

17. Cuando el humano se hunde siempre busca un responsable

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Por un segundo me encantaría ser el plafón perfectamente ubicado en el centro del techo de la habitación y mirarnos, a Ella y a mí, y afirmar que nos siento peces muertos sobre el agua: los dos de perfil, estáticos, en cueros, nadando a la deriva sobre sábanas empapadas de sudor; los dos con un solo ojo bien abierto, extraviado en el firmamento; los dos abriendo y cerrando la boca buscando, más que oxígeno, palabras para primero explicar y luego responder lo inexplicable. Por eso, genero una trivia en mi mente que se materializará, una trivia que libera, una trivia tan genial como cruda:

1.
Excusa obvia: Es la primera vez que me pasa, Ella, te lo juro por lo que más quiero, que no sé qué es pero a algo o a alguien debo querer.
Respuesta no amable: Mirá, gracias por darme exclusividad en este momento, pero no quieras echarme tus problemas encima. Cuando sos así de estúpido te odio.
2.
Excusa medio obvia: La verdad que no estoy muy cómodo, Ella, querida, divina. No es mi casa y los ruidos me desconcentran.
Respuesta medio amable: Ah, perfecto, entonces ¿cómo hacés para trasladarte en colectivo o en taxi o en tren o en el medio de transporte público que desees nombrar, que no sólo es propiedad de otra persona sino que también es utilizado por otros cuerpos oficiando de pasajeros? ¿Te sentís cómodo ahí?
3.
Excusa no obvia: No sé qué decir.
Respuesta amable: Mejor, quedate callado.

Elijo la Excusa número 3 y el tropiezo no se transforma en caída.

Si creyera en la terapia tendría a quién contarle lo que me aqueja en este momento. Tendría a quién contarle que a veces cualquier persona se cruza con otra persona cualquiera y que la primera deja todo y a todos de lado por esa segunda. Tendría a quién contarle que esa primera persona se siente muy atraída emocional y físicamente por la segunda. Tendría a quién contarle que los anhelos se diluyen, y que los momentos de esplendor con la segunda persona decaen abruptamente por los recuerdos que una tercera persona llegan a la mente de la primera persona.

Paso en limpio: que conocí a Ella y por eso dejé de lado a ella; que Ella me calienta muchísimo en todos los aspectos; que ni bien se me cruza una imagen de ella por la mente, me olvido de lo que estoy haciendo y todo el placer que siento con Ella se disfuma.

Estamos como estamos, estoy como estoy, es lo que es. Ella y yo, encerrados en su habitación hace ya unos largos minutos tirados sobre sábanas sudadas y revueltas, y los fantasmas de ella atacando mi psiquis, conectándose directamente con mi erección. Porque, eso: no puedo acabar mi porción del acto sexual, la flaccidez me invade, no se me vuelve a parar más.

Genero una segunda trivia en mi mente que se materializará, una trivia que apresa, una trivia tan imbécil como débil:

1.
Propuesta obvia: Bueno, no sé… por lo menos tócame más, dejame satisfecha por dos.
Respuesta no fogosa: Vos me estás tomando el pelo, ¿no? Acá el que la pasa mal soy yo y vos como si nada, con el egoísmo a flor de piel.
2.
Propuesta medio fogosa: Y, digo yo, ¿por qué no salís, das una vuelta a la manzana, te fumás un cigarrillo, te despejás un poco e intentamos nuevamente? Bah, INTENTÁS nuevamente.
Respuesta medio amable: Si salgo no se me va a pasar, aunque no lo sé. Tal vez pensar me sirva, tal vez no. Puede ser que intente.
3.
Propuesta no obvia: No sé… tal vez… a ver… te ayudo un poco, como más te guste, y probamos.
Respuesta fogosa: Ay, Ella, divina, querida, ¡hermosa! ¡Ésas eran las palabras que necesitaba escuchar!

Antes que Ella se aventure a expresar una de las tres propuestas (me juego el total de mis futuras erecciones desde este momento hasta mi muerte que Ella iba a vociferar la Propuesta número 1), un sonido salvador la calla. Mensaje de texto. Me lanzo sobre mi teléfono celular que, perdido entre nuestras ropas, refleja que Amigo Cumpleañero y Salidor Fuerte, siendo las 22:50, me impulsa a generar una tercera y última trivia en mi mente que se materializará, una trivia que convoca, una trivia llena como vacía:

1.
Opción obvia: Dale, querido, es mi cumpleaños. Nos estamos reuniendo en un bar. Apurate que no quiero festejar sin vos.
Respuesta del no consenso de las partes: YA MISMO SALGO PARA ALLÁ, AMIGO CUMPLEAÑERO Y SALIDOR FUERTE. NO ME IMPORTA NADA.
2.
Opción medio obvia: Dale, querido, es mi cumpleaños. Nos estamos reuniendo en un bar. Apurate que no quiero festejar sin vos.
Respuesta del medio consenso de las partes: Estoy en un momento medio complejo, Amigo Cumpleañero y Salidor Fuerte. Todo este plan de salida me viene como anillo al dedo. Si le digo a Ella que bajo a acomodar las ideas, lo más probable es que no se enfade. Y, como quien no quiere la cosa, la bocanada de aire del exterior de 15 minutos se transforma en una de 2 o 3 horas, se arregla por mensaje de texto, bien impersonal para los dos, y santo remedio. Todos felices, y a otra cosa.
3.
Opción no obvia: Dale, querido, es mi cumpleaños. Nos estamos reuniendo en un bar. Apurate que no quiero festejar sin vos.
Respuesta del consenso de las partes: Esperá, Amigo Cumpleañero y Salidor Fuerte, esperá un poco. No puedo dejar a Ella así porque sí, sin respuestas, a corazón abierto. Dame unas horas, decime la zona por la que van a estar que aparezco un rato. Me perderé un par de cosas, pero tampoco es la muerte de nadie.

Si se organizara un concurso para encontrar al plebeyo con mayor porcentaje de sangre azul en el planeta seguro que peleo los primeros puestos. Como un duque de la más alta alcurnia elijo la Opción número 2, miento, SÍ, ADMINISTRO LA VERDAD UNA VEZ MÁS EN EL DÍA, y le planteo a Ella que el exterior, la calle, puede llegar a despabilarme. La beso fuertemente y parto a mi encuentro con Amigo Cumpleañero y Salidor Fuerte, sus amigos, mis conocidos, infinitos etcéteras.

Consecuencias que llevan a causas que aparejan nuevas consecuencias. La vida misma.

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Afiche cap.17


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